AEGILMO


 

 

Del mismo autor:

 

BALADA DE LOS VASCOS HONRADOS
      (1950)

UN DÍA, EN ZUBEROA...
      (1951)

 

 

Jon Mirande

    (Paris, 1925-1972)

 

Hijo de emigrantes de Zuberoa, la más pequeña y montañosa de las provincias vascas, gran políglota, su vida está marcada por la insatisfacción: poeta e intelectual, trabajó siempre como traductor en el ministerio de finanzas; vasco por tradición y vocación, vivió en la capital de un estado que negaba su nacionalidad; elitista y heterodoxo, fue duramente criticado por sus contemporáneos vascos... Su poesía es una mezcla de tradición formal y modernidad temática, en la que se unen crítica, erotismo y un irredentismo más mítico que político.

 


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PARIS-BEURET

        Jon Mirande , 1951

 

 

En las sucias casas

de una calle de París

hay una aún más sucia,

se me cae el alma

de sólo nombrarla,

allí trabajo yo

escribiendo papeles.

En una sucia oficina

me aburro trabajando,

no salgo hasta las seis.

 

Los compañeros de trabajo

somos grandes amigos;

cada mañana me saludan

sin decir palabra, pues me quieren

como a Dios el diablo.

Hablan al modo de los cuervos

—coa, coa, coa, coa—

siempre mal del otro:

ligeras son las lenguas

de mis compañeros de trabajo.

 

Me levanto a la mañana temprano

y voy al trabajo... a rastras...

cada vez que entro allí

se me cae el corazón

al oír a todas esas

malvadas viejas,

trabajando la fama ajena,

echando pus por la boca;

no paran de hablar

desde la mañana.

 

Las mujeres de la oficina,

lo mismo las gordas que las flacas,

todas son feas.

Uno huiría de ellas

espantado, si pudiera...

Yo tengo que aguantarlas

—y eso es lo que me aflije

durante todas esas largas horas—

(¡yo, un hidalgo vasco!)

¡Oh, mujeres del demonio!

 

Procuro mirar al cielo

aunque ello me aflije aún más,

al darme cuenta

de que debo continuar allí.

Pero, para ahuyentar mis penas

me pongo a escribir versos,

muchos hermosos versos vascos,

—que es lo que me gusta—

me aplico en ello hasta las seis.

 

Así, en una oficina

rodeado de parlanchinas

paso los horas,

paso los días,

se me cae el alma

sólo el nombrarlas.

Cada día más loco

emborronando papeles con la pluma

en la querida oficina de Beuret,

en una calle de París...

 

 

Traducción: Felipe Juaristi / Koldo Izagirre

Versión original: PARIS-BEURET

 

© Jon Mirande    

© Traducción: Felipe Juaristi / Koldo Izagirre    

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